
Y contrariamente a lo que yo pensaba, mi visita a Malacañag Palace (residencia de Gloria) fue breve y sosa. Me levanto a las siete de la mañana, me visto de persona formal (traje de chaqueta negro), voy a la oficina dónde un coche me recoge y me lleva directa al Palacio Presidencial. Aunque no conozco muchos de estos palacios (presidenciales) y por eso no puedo comparar, me dió la impresión de que se debe parecer a muchos otros. Un edificio colonial blanco, con el césped perfectamente cortado, techos bajos y cañones flanqueando la entrada. Puertas con vidrieras o de madera gruesa, un gran árbol en medio del jardín y parejas de policias vestidos a la antigua cerca de cada puerta.
El evento era interesante, la firma de una ley para reconocer los derechos de las mujeres. Sin embargo, el espectáculo duró menos de lo esperado. Una sala en el ala derecha del palacio servia de escenario. Todo de color dorado y con techos bajos. Un centenar de personas como público, entre ellos: miembros del gobierno, organizaciones de mujeres, de administraciones públicas y gobiernos locales. Gloria se hace esperar, a mí me sientan al lado de una señora de las que defíne como es la clase alta en este país. Muy arreglada, con brillantes, casi octogenaria, con operaciones estéticas que la hacen parecer más asiática de lo normal y que, como es habitual, te cuenta que sus abuelos o más bien su abuelo, era español.
Al cabo de 30 minutos, aparece GMA, yo solo alcanzo a ver a un grupo de guardaespaldas que avanzan por el pasillo que hay entre las butacas y no porque yo este mal situada sino porque la Presi es muy bajita.
A partir de ahí todo se sucede rápidamente, Gloria sube al estrado, unos diez senadores se ponen detrás de ella, Gloria coge el boli y el papel y en el momento en que firma comienzan los flases de las cámaras a iluminar su cara. Gloria deja el papel y el boli en la mesa y acto seguido se va de la sala. Ale, ahí os quedaís, le falto decir a la mujer. Ni discurso, ni ná.
Y no es para menos, ella ha jugado del lado de los que se han opuesto a la aprobación de esta ley, la iglesia y los sectores más poderosos la consideran muy avanzada, especialmente en lo referente a los derechos sexuales y reproductivos. Al articulo referente a los métodos de planificación familiar, que deben ser "seguros" y "eficaces", en opinión de la Iglesia se le ha añadido " métodos éticos", queda ahora, una vez aprobada la ley, definir qué es y que no es "ético".
Hasta ahí, todo está dentro de un orden. Sin embargo, hay que tener en cuenta que Filipinas es uno de los países con una mayor tasa de crecimiento de la población, lo que se traduce en una mayor demanda del país para satisfacer las necesidades de su pueblo en términos de infraestructura (por ejemplo, escuelas, hospitales, vivienda, carreteras), recursos (por ejemplo, alimentos, agua, electricidad), y empleo. Hoy por hoy, Filipinas, si no quiere pasar a ser de un país de renta media a uno de renta media baja, necesita controlar el crecimiento de su población. Lejos de debates ideológicos y divinos esto es una cuestión práctica y humanitaria.

