Por supuesto, no se me iba a olvidar hacer una entrada de la super visita de mis padres. Si, esto pasó hace ya un tiempo, en Mayo, pero técnicamente todavía son noticias frescas.
Allí estaba yo, en el aeropuerto nerviosita esperando la llegada de los padres. Nerviosismo debido por supuesto al hecho de la visita, pero también a la especie de lucha que tuve con el guardia de seguridad para que no pisara la linea de espera de los familiares... pero vamos a ver que desde aquí no veo si han llegado a no! le gritaba, pero a un filipino no intentes hacerle cambiar una regla estúpida porque es sacrilegio. Puedes ser corrupto, abusar niños, llevar armas, drogarte... pero no cruces la linea del aeropuerto que es falta grave!!!
Por fin, los veo de lejos, recogiendo la maleta, me armo de valor para pisar la linea divisoria y grito Holaaaaaaaa!!!!!! Mabuhay!!!!! (que por si no lo había dicho significa bienvenido). Encuentro emocionante abrazos y risas después de siete meses bajo la mirada amenazante del tonto del guardia.
Aquí estamos en Intramuros, tan guapos todos conjuntaditos con un toque gris marrón colonial, el mismísimo día en que llegaron, un día después del día de los trabajadores, o sea, el dos de Mayo. Después de un rápido paso por casa Catmon para dejar las maletas nos fuimos directamente a visitar la parte vieja y española de la ciudad, Intramuros. La situación era bastante cómica porque entre el calor aplastante y el jet lag de más de 17 horas de avión las caritas de Paco e Isa sólo pedían una cama para irse a dormir.
Visto el panorama se nos ocurrió la feliz idea de subirnos en una calesa de caballo famélico y conductor graciosete que no paraba de decirle a mi padre que debía ser un gobernador dada la barriguita de buena vida que tenia (esto se puede contar no Paco?).
Pensando en que sería algo exótico, fuimos a comer a unas cantinas filipinas. Menú compuesto de sopita de pescado, atún a la plancha, una pasta de hojas con leche de coco y zumos de calamansi (limonada). Esto hubiera sido una buena idea sino fuera por la temperatura ambiente de millones de grados, las moscas rondandonos, una música tecno cercana que no nos dejaba casi ni hablar y claro, la comida, que de por si, y nada más llegado al país, impacta un poco. Por cierto, que yo vaya tan campante a cantinas y me haya acostumbrado a todo me hace pensar que me estoy volviendo medio filipina... tendría que empezar a pensar en salir de aquí para hacer una re-europeización de mi ser.
Para quitarnos la espinita nos fuimos a cenar a un super restaurante Tahilandes que hay en Greenbelt, el centro comercial, que por triste que suene, es la zona más agradable de la ciudad, dónde hay árboles y parques.
El día estuvo muy bien y empezaba lo mejor, la recompensa de dormir unas buenas horas para despertarnos y volar hacia lo mejor de este país, la naturaleza. Allí vamos Bohol!

5 comentarios:
¡¡¡ Oé, oé, oé !!! me encanta la narración, las fotos y los comentarios.... sigue porfa.
Me gusta más esto que lo de las crucifixiones... Así que Paco Gobernador... je, je, je... le va a tocar chupar un poquito, que eso no lo había contado...
Es la primera foto que veo de la visita. A ver si termina el atracón de final de curso y me paso a ver una proyección completa en tu casa. La mamma ya nos ha contado lo bien que habías organizado todo y los sitios tan chulos a los que fuisteis. Los veré (en digital, de momento). Un abrazo.
Ay Primi! Que abandonada te tenía.Con la maternidad, me tenían que haber dado unas cuantas horas más al día, pq no me da la vida!!! He conseguido dormir un rato a la fiera, así que voy a aprovechar para ver un ratito tu Blog, que ya veo que tengo mucho retraso!... Perp sólo de Blog, conste que estoy muy al día de tus andanzas!
(Yo si que sabía lo del gobernador, jiji, me partooooooooo)
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