domingo, 24 de mayo de 2009

Semana Santa III. CRUCIFIXIONES



Las crucifixiones son todo un espectáculo que todavía no se decir si se lo recomendaría a alguien o no. Se realizan en Pambanga, una provincia al norte de Manila, a unos 50 kilómetros, conocida en el país por su fervor religioso. Uno de sus habitantes me comentaba orgulloso de que es la única provincia del país cuyo ayuntamiento esta regido por la Iglesia. Sin embargo, no quiero llevar a confusión, el evento de la crucifixión no esta patrocinado por la Iglesia Católicade Roma, que lo considera una mera atracción  turística, pero si por la Iglesia del ayuntamiento de Pampanga.


El ambiente es muy cargante: un domingo, de calor absolutamente agobiante, andamos por un camino lleno de polvo siguiendo a la multitud, una música celestial nos va acompañando hasta el lugar de la crucifixión. El ambiente es extraño, da miedo ir andando cerca de miles de personas que van a presenciar el sufrimiento humano (si, como yo) un domingo por la mañana. Para rematar se forma un revuelo detrás de nosotros, se oyen unos tambores y solo al notar que hay una gota de sangre en mi pierna, alzo la vista, y veo a seis encapuchados, con hojas de laurel en la cabeza, el torso desnudo y pantalones blancos, andando a trompicones y afanados en darse latigazos en la espalda, salpicando de sangre al personal. Sangrando y mucho.


Aunque la primera idea que cruza por mi cabeza es darme la vuelta e irme a mi casa, la curiosidad y el "pues ya que estoy aquí lo veo" me hizo seguir adelante. Finalmente alcanzamos la explanada donde dará paso el show. De vez en cuando vuelven a formarse revuelos para dar paso a los penitentes... que susto.


A pesar del sobrecogimiento inicial, pronto empecé a relajarme al ver pasar carritos de helados, cacahuetes, palomitas, gente riendo y niños correteando por todas partes. La solemnidad que yo pensaba que el momento merecía, al menos por respeto al crucificado,parecía no existir para el personal.


La crucifixion se hizo esperar nada mas y nada menos que una hora bajo el sol abrasador, que sinceramente, solo te hacia desear que crucificaran ya y rapidito al sujeto. Por fin, llegaron los romanos y en cuestión de minutos crucificaron a este chico con cara de 'ay que grima me esta dando esto'.


Acto seguido, todo el publico, que diría que son miles, se dispersa. Cual seria mi sorpresa cuando me entero de que todavía quedan diez personas por crucificar. Mientras me alejo del recinto veo a lo lejos al segundo crucificado. Esta vez nadie le hacia caso, ni el publico, ni las cámaras.






2 comentarios:

Genaro Bardassano dijo...

Es genial, genial, genial. Casi, casi, prometo estar presente en la crucifisión del "pobretico" último de la lista la próxima Semana Santa; eso sí, con un balú en la mano izquierda y una San Miguel ligth en la derecha.
Bss.
Genaro.

Marta dijo...

Pero que burros son!! están un poco a medio civilizar ....