viernes, 24 de abril de 2009

Semana Santa II. SAGADA






Y seguimos nuestro viaje de semana santa desde Batad a un pueblo llamado Sagada, todavía más en el interior de las montañas. Sagada es un pueblo tranquilo, de casas cuidadosamente decoradas y restaurantes con deliciosa comida. El paisaje está rodeado de pinos y de no ser por las terrazas de arroz a lo lejos podrías pensar que estas en algún lugar de Francia.

Esta señorita en la foto, indiscutiblemente una jefa, pertenece a la tribu de los  Bontok Igorot, antiguos y actuales habitantes de Sagada. Para esta tribu los espíritus de sus ancestros muertos son la mas importante categoría de lo supernatural y la ceremonia del funeral es de suma importancia para garantizar el bienestar del espíritu en el mas allá. 

El cuerpo difunto es puesto en una silla por unos días en los que se realizan sacrificios de animales y solo la gente casada es enterrada en ataúdes de piedra.

Los Bontok Igorot eran conocidos por ser una tribu de "caza cabezas" y a eso, y a la ganadería, se dedicaban  hasta que los americanos en 1900 prohibieron la practica de cazar cabezas humanas. El tatuaje era una seña de identidad y central en su visión del mundo.  Los tatuajes alrededor del cuerpo simbolizan la cantidad de cabezas humanas que esa persona había cazado, tatuajes en la parte exterior de las manos simbolizan la primera vez que la persona ha matado y los tatuajes circulares protegían frente a los malos espíritus. Curiosamente también decían tener poderes terapéuticos siendo dibujados encima de varices y cicatrices como protección frente al cólera y otras enfermedades.

 Esta foto como muchas otros fotos de indigenas de la zona fue tomada por un tal Eduardo Masferré. La historia de este hombre es cuanto menos interesante. Todo comienza en Cataluña cuando Masferré padre fue a vivir  a esta pequeña region de filipinas y se casó con una mujer Igorot. Allí nació Masferre, el fotógrafo, quién fue educado en Sagada, España y EE.UU.  En 1933 comenzó a hacer fotos.

Los recursos eran escasos y ciertamente tuvo que ingeniarselas para crear una habitación oscura dentro de una de las cabañas de bambú. La condicion de miembro del grupo le dio una posición privilegiada para fotografiar momentos cotidianos de los Igorot como son las cacerias o los rituales  de  transición. 

Hoy Masferre es una estrella en este pueblo y en Filipinas. Ha sido bautizado como el padre de la fotografía, da nombre a una calle y al restaurante principal de Sagada. Tuvo seis Igorotitos y murió en 1995.

Y estas es una de las muchas historias de españoles que vinieron por estas tierras y de los que hoy no sabemos prácticamente nada pero que aquí son muy conocidos. 

Espero que después de esta sesión, un tanto salvaje, todavía os queden ganas de leer el próximo capitulo: Las crucifixiones!!

miércoles, 15 de abril de 2009

Semana Santa I. LAS TERRAZAS DE ARROZ



Esta Semana Santa ha sido de lo más completa. Nuestro viaje ha comenzado en las terrazas de arroz de Banaue, sitio declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y situado al Norte de Filipinas, en la provincia de Ifugao. De la tribu de los Ifugaos son precisamente la pareja que me acompaña en la foto.

Para llegar a la zona montañosa de Filipinas es necesario coger un autobús desde Manila durante doce horas (para recorrer 350km aprox). Por cierto, este medio de transporte aquí tendría que ser rebautizado como el "congebus" porque viajas a una temperatura de menos cero grados (la asociación no es muy ingeniosa pero... es verdad, es como un congelador!). Es curioso ver a todos los pasajeros vestidos con gorros, abrigos e incluso haciendo uso de sacos de dormir (esos éramos nosotros). Claro, la idea de sugerir al conductor que ponga el aire acondicionado más bajo o que lo quite la pusimos en práctica, sin embargo el conductor nos informó de que el aire sólo se puede encender o apagar y en este país la idea de estar en un lugar cerrado sin aire acondicionado es un disparate, así que de apagarlo mejor olvidarse, antes morimos congelados. Tiritando llegamos todos los pasajeros a la ciudad de Banaue, corazón de la provincia de Ifugao y de la cuál salen los diferentes caminos para visitar las terrazas de arroz.

 Banaue es como una ciudad sin ley, los edificios están recubiertos de aluminio, para guardar el calor dentro de las casas (en esta zona la temperatura media son 10-15 grados), eso, unido al uso del cemento sin pintar y la propensión a llover de la zona, hacen de la ciudad un lugar gris, lleno de cableados, tricicles y manchas de moma en el suelo (moma es un tabaco masticable que después de un rato escupes al suelo y te deja un color rojo en los dientes). Para rematar, música country salida de los bares rezuma por las calles.

Al llegar, tienes la sensación de estar en otro país, por una razón principal, la gente. No sólo se distinguen de los filipinos de manila o las Visayas en que tienen unas cara mas redonda y ojos más achinados (se asemejan más a chinos o mongoles que a filipinos), además, la gente es más ruda, como menos "blandita" que los manileños. En Manila la gente tiende a sonreir y saludar sin motivo aparente, incluso a mirarte con admiración por el hecho de ser occidental.
En Banaue te ponen los pies en la tierra, más bien por el hecho de ser turista y occidental te acogen en tanto que vas a gastar dinero allí pero no se muestran muy dispuestos a hablar o a que te inmiscuyas en sus asuntos. 
Este suspicaz pensamiento lo he deducido después de que al pasar por una aldea perdida en las terrazas una anciana indígena nos persiguiera con un palo al notar que le habíamos sacado una foto. Bueno, lección aprendida: "Siempre hay que preguntar por permiso antes de hacer una foto a alguien". Esa lección aplicamos durante el resto de la excursión y nos llevamos a casa una buena colección de noles y preciosas fotos del paisaje.

La excepción, esta pareja de ancianos, pero claro, todo tiene truco y después de sacar la foto descubrimos que había que pagar. Pero acepto el trato, ellos se compran algo en la ciudad y yo les lanzo al estrellato en el blog.

Para llegar de Banaue a la ciudad de Batad, donde se encuentran las terrazas más impresionantes, decidimos coger un jeepney y viajar en el tejado como hacen los filipinos (como ejemplo veáse este link http://thestar.com.my/archives/2009/1/3/lifetravel/f_15jeep.jpg). Al principio resulta divertido pero dado las condiciones de la no carretera, llena de piedras, después de 20 minutos no sabes en que posición ponerte para que no te duela todo el cuerpo.

Pero con todo el viaje merece la pena, las terrazas fueron construidas hace 2000 años y son una increíble obra de ingeniería puesto que todas ellas están conectadas entre si a través de conductos que llevan el agua de una a otra. Y además de eso, forman un paisaje alucinante, un valle esculpido. 

Pero mejor os dejo estas fotos que están pasando a la derecha para que lo veáis vosotros mismos. También en las fotos se puede ver como la gente trabaja la tierra con el uso del "carabao" o búfalo de agua y animal nacional.