
El sábado 25 me desperté sobre las 9 de la mañana, llovia de una forma increíble y el ruido de la lluvia en el tejado de casa no me dejaba dormir más. Sin darle más importancia preparé el desayuno y encendi el ordenador. El barrio en el que vivo en Manila es uno de los pocos de clase media, muy cerca del distrito financiero y conocido por inundarse en la epoca de lluvias. Hasta el momento algunas calles se habian inundado en ocasiones aunque no mas que a la altura del tobillo, nada preocupante.
Decidí desayunar en el piso de arriba mientras leía el periódico en el ordenador. A mitad de la pagina de internacional del dia, una compañera española del trabajo comienza a hablarme “has visto como llueve? Es increíble” Si, lo he visto. La fuerza con la que cae es impresionante, el ruido me ha despertado”
Al cabo de media hora decido bajar a la cocina para servirme un segundo café, cual seria mi sorpresa cuando veo que el agua esta comenzando a entrar por la puerta principal y que en el porche hay mucha agua. Mis compañeros de piso salieron pronto por la mañana, estoy sola.
Como alguna otra vez ha pasado, comienzo a mover cosas al piso de arriba y a desenchufar aparatos de la cocina. Subo arriba y comento lo que pasa, no quiero ser alarmista, estas lluvias suelen parar en cuestión de minutos. Subo arriba, necesito preparar las maletas para un viaje que tengo previsto.
En treinta minutos el piso de abajo esta cubierto de agua hasta los tobillos, esto ya no me gusta, le digo a mi amiga que contacte con el encargado de seguridad de la ONU. Estoy prácticamente segura de que el agua no llegara nunca al segundo piso pero, me quedaría ahí el fin de semana sola y con todo inundado abajo... mala opción.
Me dicen que el tiempo no corre en mi favor, cuanto más tiempo pase más agua y mas difícil será salir de casa. Deciden venir a buscarme.
En poco menos de media hora me vuelven a llamar, parece que las calles están inundadas y que no pueden llegar hasta mi casa en coche. La única solución es que yo ande hasta donde el coche puede entrar, en un lugar seguro
Visto lo visto cogí una mochila con un poco de ropa y salí a la calle. Allí comienza la verdadera aventura, el agua me llegaba a la cintura, la sensación no es agradable, el agua esta muy sucia, mezclada con los rios de suciedad que caracterizan la ciudad. Por los muros, allá hasta dónde el agua cubre, se ha formado una hilera de cucarachas que intentan salvarse de morir ahogadas. Hay mucho viento, veo a gente en la calle con colchones inflables, intentando andar en bicicleta e incluso jugueteando con el agua. Puedo sentir la fuerza del agua, especialmente en los cruces de calles donde se forman corrientes que te empujan hacia un lado y otro.
Finalmente veo el coche que me espera a lo lejos, para entonces ya empiezo a sentirme cansada, el agua pesa. Por fin llego, que alegría. Y ahora el merecido descanso, refugio en casa de una amiga, con más amigos refugiados, jamón, cerveza y buena música. Fuera sigue lloviendo, de hecho, no pararia hasta la mañana siguiente.



